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Los
corredores se arremolinan en torno a la imagen del
santo. De forma “casi espontánea”
entonan el típico cántico sanferminero
en el que, a golpe de periódico, piden ayuda
al más taurino de los santos, San Fermín,
para que guíe en el recorrido a los corredores
y les proteja de las astas de los toros. Eso sí,
en Sepúlveda los corredores, lógicamente,
cantan a San Miguel, algo menos taurino, pero, eso
sí, especialista en cerveza. |