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REPORTAJE

  "¡VIVA SAN FRUTOS BENDITO Y PAJARERO!"

Con motivo de la festividad de San Frutos, que tiene lugar el 25 de octubre, queremos dedicar unas líneas a este Santo tan conocido en la provincia y en especial en el entorno de nuestra villa.

Varios Pontífices romanos concedieron indulgencias en dos fiestas celebradas con especial esplendor en San Frutos, la de la Santísima Trinidad y la de San Frutos. Se celebra la fiesta de San Frutos el 25 de octubre. En la ciudad de Segovia, existe la costumbre de congregarse, la víspera, ante su imagen tallada en piedra, que se encuentra situada en la puerta norte de la catedral. Se trata de ver cómo el santo "pasa la hoja" de un libro de chapa, que tiene en las manos, a las doce en punto. Al día siguiente se canta, ante la urna, el llamado "Villancico de San Frutos". Este decimonónico texto, acompañado por una melodía de una ingenuidad extrañamente mozartiana, interpretados ambos por conocidos cantantes e instrumentistas de la ciudad, presenta un innegable atractivo que convoca cada año mayor audiencia. Después del villancico, viene la misa concelebrada, y el rito retorna a la normalidad de este tipo de actos.

   

 

La romería se celebra en las cercanías de la ermita, en el río Duratón. Primero, misa solemne concelebrada por numerosos sacerdotes de estas tierras, seguidamente homilía y procesión del santo. Se saca al santo en procesión, precedido de bailes, hasta la explanada de roca que hay ante el edificio, una vez pasado el pequeño puente que salva la "cuchillada". Es una fiesta llena de incondicionales devotos que, aunque haga frío o llueva, no quieren dejar pasar la oportunidad de sacar a su santo en procesión. Podría describir con detalle la romería, puesto que he sido testigo de ella en varias ocasiones y he de reconocer que es de las más bonitas que he presenciado, llena de emoción y sentimientos, pero soy un poco novata en esto de escribir y no me gustaría, a causa de mi inexperiencia, no describir como se merece esta gran fiesta. Por ello he preferido que sea el escritor segoviano Ignacio Sanz quien os lo relate:

"Arriba en la explanada nos sorprenderá, antes que nada, esa caterva de comerciantes madrugadores que luchan entre sí para distribuirse los puestos. Vienen con bebidas, chucherías, cacharros y productos plastificados.
Irán llegando después coches y autocares de procedencias muy dispares. [...] Los sacerdotes comenzarán a preparar el altar al aire libre, con cables, amplificadores, banderitas y gallardetes. [...]

   

 

Tras la misa, el santo, con su bastón y su libro abierto, pide jota. Y la concurrencia también. Así que salen juntos, en procesión por la explanada, bailando al son vibrante de la dulzaina que aquí resuena majestuosa. Da gusto ver a las mocitas, con esa gracia inefable que emana de sus cuerpos en flor, bailar ante el santo. Y a los mozos. Y a las señoras cuarentonas y cincuentonas. Y a los viejos que se menean con más salero que nadie.
El santo, desde lo alto de las andas, parece que sonríe y echa bendiciones.
Tras la procesión, el ritual de meter los palos. Primero el palo derecho de delante.
-¿Hay quién dé más?
[...] A todo esto ya ha llegado el mediodía. El tiempo vuela. En la explanada venden chuletas, pan y vino. También dan los sarmientos. Solo hay que poner las parrillas.

 


Al poco se verán arder las rocas. Las fogatas se extienden por los contornos. Y alrededor, las familias, los amigos y conocidos se agrupan para beber, comer y brindar. Que san Frutos está puesto una sola vez en el calendario.
-¡Salud!
-¡Que no nos la quiten!
-¡Viva san Frutos bendito y pajarero!
-¡Viva! ¡Y nosotros con él por muchos años!"


Me gustaría añadir a lo que ya nos cuenta en este fragmento este magnífico escritor algunas de las tradiciones que se siguen llevando a cabo a causa de la devoción al Santo. La más famosa es la que dice que para curar las hernias se deben dar tres vueltas al gran sillar situado bajo el altar del ábside norte y en cada vuelta rezar un Padrenuestro (pero no se advierte del dolor de riñones con el que se puede salir). Y aún hay más, si las vueltas se dan a toda la ermita, dicen que se sanará el dolor de muelas. El único obstáculo es que, al menos actualmente, la quebradura de la roca, junto al ábside norte, no lo permite, y el paso está interrumpido por una caída vertical cercana a los 100 metros, por lo que no nos quedará más remedio que seguir acudiendo al dentista. A pesar de ello, no hay que dejar de acudir a este espectacular paraje creado por nuestras queridas Hoces, donde no nos faltará la compañía de los ya famosos buitres leonados de las Hoces del Río Duratón
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RAQUEL SANZ LOBO