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de la Salve, a prepararse para el desfile de peñas
(no nos dio tiempo ni de tomarnos el típico chocolate
con bizcochos). Que calorcito hacía ya a las 11:30,
y no era nada con lo que nos esperaba. El desfile, no fue
como otros años, más que nada porque el manteo
y demás aparejos pesan unos cuantos kilos y no puedes
saltar como con el traje de peña, pero también
me lo pasé muy bien. Llegamos a la plaza, y en el
momento en que iba a dedicarnos un segundo baile el Grupo
de Danzas, un incidente alteró la marcha de los acontecimientos:
se cayó el escenario de la plaza. Después
del susto (todo quedó en eso) y de comprobar que
no había heridos graves, el Grupo de Danzas prosiguió
con su baile. Tras éste, las damas y yo subimos al
castillo, desde donde vimos la actuación de las majorettes
(impresionante, por cierto). Y a las 12 en punto, el chupinazo
daba por iniciadas las fiestas de 2002.
Este año, por primera vez,
el pregón tuvo lugar antes que la presentación
de la reina y las damas, parece ser, que para evitar que
la gente se marchase durante el mismo (no sé si esta
medida surtió mucho efecto ...). Tras el pregón,
Arturo tomó el mando, quiero decir, el micrófono,
y comenzó la presentación de las damas: en
primer lugar, señorita Alba Olalla Lobo, presentada
por la peña Citania; en segundo lugar, señorita
Elena de las Heras Cristóbal, presentada por la peña
Las Cadenas y en tercer lugar, señorita María
Moreno Ortiz presentada por la peña Eremitas. Por
último presentó a la reina, Raquel Sanz Lobo,
presentada por la peña Laetitia. A todas nos pusieron
la respectiva banda y nos dieron un ramo de flores y una
esclava de plata grabada. En la puerta del castillo nos
esperaba de nuevo el Grupo de Danzas. Esta vez bailaríamos
nosotras también, cada una con nuestra madre, las
seguidillas sepulvedanas.
Llegó el momento del recorrido
de peñas. Creo que nunca había pasado tanto
calor, señalar, que María incluso hubo un
momento en el que se mareó, pero sólo fue
un pequeño mareo a causa del calor. Recorrimos todas
las peñas de la villa a pie, sí, todas, hasta
la de Septempul, que ya podían tenerla un poquito
más cerca ... Bromas a parte, todas las peñas
se portaron de maravilla con nosotras, en varias de ellas,
hasta nos invitaron a un pincho (en algunas incluso casi
nos dieron de comer), porque sino, tanta limonada con el
estómago vacío no nos iba a sentar muy bien.
Finalizamos el recorrido sobre las 15:30.
A las 16:00 teníamos la comida
con las autoridades. ¡Cómo nos pusimos! Tengo
que reconocer, que a pesar del carácter oficial de
esta comida, nosotras nos lo pasamos muy bien y nos reímos
mucho.
El siguiente acto al que asistimos,
fue el mismo jueves, a las 20:00 horas, la Salve en la Virgen
de la Peña. Allí estuvimos puntuales las cuatro
(unas en mejores condiciones que otras ...) y ofrecimos
a nuestra querida Virgen de la Peña el ramo que nos
habían dado por la mañana.
Llegó el viernes 23. Por la
tarde, había que ponerse el vestido y la mantilla
para bajar a los toros. A las 17:30, las cuatro estabamos,
puntualmente de nuevo, en la puerta del ayuntamiento, donde
nos encontramos con las autoridades y nos pusimos camino
a la plaza de toros. Debéis saber, que cuando el
sol pega, se está bastante mejor en el lado de la
plaza donde da la sombra (en la presidencia, donde estuvimos
la reina y las damas), pero no tienen ni punto de comparación
las juergas que se viven al sol.
Ya estábamos a sábado.
Llegada la tarde, el mismo ritual que el día anterior,
pero con un problema, el tiempo. Nosotras, que éramos
una mandadas, estábamos de nuevo a las 17:30 preparadas,
pero no en la puerta del ayuntamiento, sino dentro, porque
caía agua que daba gusto. Consecuencia, hubo que
aplazar la corrida para el domingo a las 12:00, así
que las cuatro, nos fuimos con el recado a casa, a ponernos
cómodas otra vez, pero no nos quedamos sin toros,
porque la pudimos asistir a la Corrida Alternativa que tuvo
lugar en la Plaza de España, mucho más divertida,
por cierto, que las de la plaza de toros (aunque Millán
no creo que opine lo mismo...).
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Os podéis
imaginar el cuerpo que teníamos todas el domingo
a las 11:30 después de la larga noche del sábado.
Pero allí estábamos otra vez en la puerta
del ayuntamiento (esta vez sin vestido y peineta porque
bastante gracia había sido ponérnoslo
el día anterior para tener que volver a casa
sin apenas lucirlo). Bajamos a la plaza de toros,
pero claro ¡a las 12 de la mañana daba
el sol en nuestro lado de la plaza! No podíamos
ni abrir los ojos.
A las 17:30, ¡otra vez
a vestirse para ir a los toros! Y con la incertidumbre
de si el tiempo dejaría que se celebrara el
festejo taurino. Pues el tiempo no acompañaba
mucho, pero las autoridades y los responsables de
la plaza de toros decidieron que se celebrara la corrida.
Así que allí fuimos las cuatro, muy
monas con los vestiditos y las mantillas, pero con
un frío que pela. Como anécdota, decir
que en la plaza tuvimos que arroparnos con una manta
de la abuela de María porque sino habríamos
cogido una pulmonía. De hecho, nos subimos
antes de finalizar el festejo porque se puso a llover
con ganas. |
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No
puedo dejar de nombrar a una persona que nos acompañó
a los toros el viernes y el domingo, Lope Tablada.
Siempre con su cámara, no nos dejó de
prestar atención ni un momento, nos hizo muchas
fotos y nos hizo reír.
Ya se nos acababan
las fiestas ...Pero quedaba el mejor día, el
de las peñas. ¡El lunes no hay que bajar
a la plaza con vestido y mantilla! Bajamos vestidas
con nuestro traje de peña ¡qué
cómodas! Durante la primera vaquilla estuvimos
sentadas, como los días anteriores, en la presidencia,
pero nada más acabar, las cuatro corrimos hacia
el tendido sol para disfrutar del último día
con nuestra peña.
Llegó la
última noche, la entrega de trofeos. Un año
más se celebró en la discoteca "La
Violeta". Empezaba a las 12 de la noche. Entregamos
los premios de los torneos interpeñas, de la
becerrada, pancarta ... Fue un momento muy especial,
aunque pasé mucha vergüenza, subida ahí
arriba, con todos esos focos. Menos mal que estaba
Arturo haciéndonos pasar un buen rato. Y las
fiestas llegaban a su fin. Qué momento más
triste. Nos entra la nostalgia, pensando que faltan
360 días para que vuelvan a llegar las fiestas,
pero para mí, este año, ese momento
fue un poco más amargo que otros años:
acababan las fiestas en las que había sido
reina. Pero siempre me quedará el recuerdo.
Muchas gracias a todos los
que me elegisteis, y sobre todo a las damas, María,
Elena y Alba, sin las cuales estas fiestas tan distintas,
no habrían sido tan especiales.
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