El concierto se efectuó
al aire libre, en el prestigioso auditorio de
la Vereda. El concierto fue preparado al detalle
con un minucioso trabajo dado el público
selecto al que iba dirigido. Los preparativos
previos al evento han durado varias semanas
y, según el director de la orquesta,
han sido muy duros y muy exigentes, debido a
lo que representa la puesta en escena en este
singular auditorio.
La actuación por
su contenido arriesgado, iba dejando perplejo
y con cara de circunstancias al respetable,
incluso algunos dejaron sus asiento momentáneamente,
(salieron corriendo, podría parecer una
urgencia en el baño). Pero, poco a poco
se fueron metiendo el público en el bolsillo,
comenzando por el más joven, situado
en el ala norte izquierda del auditorio. A golpe
de notas musicales perfectamente hilvanadas
por los componentes de la banda, la actuación
fue subiendo de tono, hasta alcanzar su momento
más álgido, cuando interpretaron
Mariano, Mariano en re mayor. El público
pasó de cariacontecido a expectante con
cada nota que desgranaban los acordes perpetrados
por la Banda.
Hay que destacar que
la puesta en escena que más emoción
puso en el ambiente fue El Tablón que
se cogió G. Verdi en una noche de verano
cuando sale el sol por la mañana.
Solamente hay que destacar,
que dos espontáneos stripers rocieros
saltaron al escenario provocando una interrupción
momentánea. Dieron muestras del más
puro arte rociero. Se arrancaron por bulerías
con un amplio repertorio que no pudieron desarrollar
al completo gracias a la intervención
de la benemérita . Una vez retirados
del escenario, prosiguió la actuación
sin más incidentes reseñables.
Durante el transcurso
de la velada, hubieron varios pasajes que,
en cierto modo, nos recordaron algunas secuencias
del film dirigido y protagonizado por Robert
Redford, el hombre que susurraba a los caballos,
en el que se narra una dulce historia de un
adolescente que acaba de sufrir una aparatosa
caída cuando montaba a su caballo Pilgrim.
Su madre, preocupada por el estado emocional
de su hija recurre a un susurrador de caballos
que les ayude a superar la situación.
Al finalizar la actuación,
vítores, aplausos, derroche de entusiasmo,
de un público que tributó con
una sonora ovación la puesta en escena
más brillante de los espectáculos
celebrados hasta el momento.
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