La situación de las tierras
de Sepúlveda durante unos siglos de la Edad Media
es discutida por los historiadores. Una discusión
que afecta a un territorio mucho más extenso. Se
dice corrientemente el Valle del Duero, entendido en un
sentido muy amplio, abarcando las cuencas de sus afluentes,
pero se puede hablar de una faja extensa que atravesaría
la Península desde Oporto hasta Barcelona. En cuanto
a la cronología, comprendería desde mediados
del siglo VIII, o sea poco después de la conquista
musulmana, hasta la consolidación de los avances
reconquistadores y repobladores. Para algunos eruditos,
a lo largo de ese período, dichas tierras habrían
estado despobladas, habrían sido un desierto. Otros
lo niegan.

En 1637 Diego de Colmenares, que
había sido párroco de Valdesimonte, publicó
su Historia de Segovia. En ella dice que había
ya sostenedores de esa teoría de la despoblación.
Pero sus escritos no se han encontrado. El primero que
se cita como mantenedor de la misma es el portugués
Alejandro Herculano, en el siglo XIX. Su defensor más
entusiasta fue don Claudio Sánchez-Abornoz en un
libro titulado Despiblación y repoblación
del Vale del Duero.
Los negadores de la despoblación
citan los testimonios de toda índole de la presencia
humana en esa geografía. Desde los hallazgos arqueológicos
hasta los nombres antiguos de los lugares. Pero no perdamos
de vista un detalle esencial. Y es que los desiertos están
habitados, aunque por una población muy poco densa.
Cuando decimos, por lo tanto, que nuestra tierra fue un
desierto, no estamos sosteniendo que no hubiese nadie,
como en la luna o la Antártida, sino que había
muy pocos y sin apenas organización administrativa.
El texto en que por vez primera
aparece el nombre de Septempublica- y ninguna mención
del otro nombre, Sepúlveda, había habido
tampoco antes, o sea que se trata de una primacía
total, de la mención del lugar y no sólo
de su designación -, como ya os dije la vez anterior,
cuenta que Alfonso I de Asturias entró en ella,
como en las demás poblaciones de la lista, matando
a los moros y llevándose consigo a los cristianos.
Por eso se ha atribuido a esa correría un papel
decisivo en la desertización de la zona, y se llama
al fenómeno desierto estratégico del Duero.
Pero no hay que desorbitar ese alcance. El monarca en
cuestión pudo nada más que coadyuvar a una
situación que tenía otras causas más
profundas y no constituía un mero recurso en la
lucha entre el Islam y la Cristiandad. Había habido
guerras civiles entre árabes y beréberes,
hambres, malas cosechas y sequía, ello incidiendo
en una población que era escasa de antes.

Para la tesis despobladora, las
tierras sepulvedanas, durante dos siglos, desde mediados
del VIII hasta el año 940 en que nos repuebla Fernán
González, habrían tenido muy pocos habitantes,
una población, pastoril sobre todo, y la Villa,
lo poco que de ella quedara, habría padecido una
ruralización acusada.
Los negadores de la despoblación
alegan los nombres anteriores a ella que nos quedan, como
Urueñas; algunos hallazgos arqueológicos;
la noticia del sepulcro de San Frutos, transmitida hasta
que en 1076 Alfonso VI le donó a los benedictinos
de Silos; que la iglesia de Duratón se edificara
junto a la necrópolis visigoda.... A este último
propósito tengamos en cuenta que de la tierra despoblada
podrían haber quedado recuerdos. De dichos restos
se citan unos sepulcros de la iglesia de Santiago, que
podrían ser musulmanes, y huellas en la muralla.
Mi benemérito amigo, nuestro
paisano Diego Conte Bragado, con el que hay que consultar
cualquier cuestión relativa a Sepúlveda,
y os ruego toméis nota de ello, niega la teoría
de la despoblación. Yo no puedo dejar de tener
en cuenta un factor psicológico. Y es que cuando
la conocí, tuve la sensación de que se me
colocaba en el rompecabezas de nuestra historia la pieza
que faltaba. Sería interesante tener una mesa redonda
sobre ella, con especialistas de fuera. Tened en cuenta
que el problema es vital. No exageraba don Claudio cuando
la tenía por la clave de su visión de la
historia de España. Decisiva para afirmar o negar
que nuestro pueblo tuvo un segundo nacimiento. ¿Os
acordáis de la fiesta de los Fueros de este año,
de Mohamed el Rojo contando a Elvira cómo había
atravesado el desierto? Hay un texto árabe, el
fragmento de una carta, en que un enamorado escribe a
su dama de Córdoba, cómo al atravesar ese
mismo desierto se había acordado de ella.

Pero ahora sólo voy a confiaros
la inquietud que me produce la existencia de una muralla
árabe. De confirmarse no dejaría de ser
un reto para los partidarios de la tesis del desierto.
¿Pudo haber un intento repoblador musulmán
anterior al cristiano fernandino? ¿Os parece esto
novelesco? Que no quedaran de él huellas en las
fuentes historiográficas no es un inconveniente
decisivo. Hace poco me decía la arabista María
Jesús Viguera que hay ciudades musulmanas de las
que no quedó en ellas ningún testimonio
escrito, al menos no nos ha llegado.
Alonso Zamora va a dar una de
las conferencias del ciclo que tendrá lugar en
San Quirce de Segovia, todos los viernes, de enero a marzo,
diez en total, y de la que ya se os informará en
detalle, sobre la historia de Sepúlveda. Él
hablará de las murallas. Otra ocasión para
replantearnos el tema.
Pero yo os pido que opinéis
sobre la cuestión. No os importe no tener conocimientos
especializados. La luz puede surgir de dónde menos
se piensa. ¿Qué os parece que nuestra tierra
fuera un desierto durante dos siglos? ¿Estáis
a favor o en contra? ¿Por qué? No seáis
tímidos. La historia es de todos, no sólo
de los historiadores.
ANTONIO LINAGE
Nota del Pregonero Dígital
de Sepúlveda: Hacemos público nuestro
agradecimiento a don Antonio Linage por sus colaboraciones
con artículos especialmente escritos para la web
del Pregonero Dígital de Sepúlveda (que
sin duda prestigian enormemente este humilde web), y por
hacer participe a todos los internautas seguidores de
esta web de sus conocimientos y pensamientos que tienen
a Sepúlveda y su historia como tema central. Gracias
Don Antonio.