Los primeros datos históricos
de Sepúlveda están en las crónicas
de la Alta Edad Media. Entonces aparecen las menciones
más antiguas del nombre de la población.
En las inscripciones romanas de la Villa y de Duratón
no son designados los lugares.
Esas crónicas están en latín o en
castellano, además de los textos árabes
que relatan las campañas de Almanzor. La más
antigua es la latina de Alfonso III, en la cual encontramos
el nombre de Septempublica, al enumerarse las localidades
devastadas por Alfonso I. Ese nombre es el de las otras
crónicas en latín y el del Fuero de Alfonso
VI. O sea nuestra designación latina sin más.
Las crónicas en castellano consignan el nombre
de Sepúlvega.
Esta dualidad es problemática,
pues ni el nombre latino es una culturización del
castellano, ni el castellano una derivación del latino-
Septem no da Sep sino Siep -, como sería de esperar
y es lo corriente- así Emerita-Mérida, Legio-León,
Tarraco-Tarragona.Por lo tanto se nos plantean dos cuestiones_
explicar la existencia de dos nombres distintos, y resolver
la etimología de cada uno.

El primer problema exige
reconocer la simultaneidad de ambas denominaciones, la oficial
y la popular. Pero, ¿desde cuándo? Yo me inclino
a pensar que desde los días de Roma. Y en este caso,
habría que pensar en una fundación, ya que
no del pueblo, sí de su emplazamiento fortificado.
O algo equivalente. ¿Audacia imaginativa? Pero, ¿no
sigue siendo un misterio el acueducto de Segovia, tanto
eue el marqués de Lozoya aludió al tratar
de su historia a la novela titulada por su secreto de Ramón
Gómez de la Serna?
Se ha emitido la hipótesis
de que Septempublica sería una latinización
caprichosa del autor de la Crónica de Alfonso III.
Pero, de haber sido así, ¿cómo explicarse
su aceptación generalizada, incluso en el lenguaje
notarial y cancilleresco de la Corte? La Crónica
no tuvo tanta difusión ni autoridad. Pensemos en
que de admitirse tal opinión, se trataría
de un nombre literario, como la Letamenia de nuestros días,
ahora muy vigorizado el suyo por una peña juvenil.
En cuanto a la etimología, Septempublica es un topónimo
nítidamente latino. Y sí que podría
aludir, y ahí podría tener razón la
creencia popular, a las siete puertas de la muralla.
Más espinoso,
hasta el enigma, es el origen del nombre Sepúlveda.
¿Podría ser latino, Sepulcro de la Vega por
ejemplo? No lo creo. Sepulcro como topónimo no suele
abreviarse. Ahí tenemos el vecino Sebúlcor.
Así las cosas,
Sepúlvega sería céltico. Luis Michelena
me indicó la posibilidad de aludir a un recinto donde
se encerraba el ganado.

El canónigo Eulogio
Horcajo fantaseó simpáticamente en torno a
la toponimia sepulvedana. Atribuyó a la Villa los
nombres anteriores de El Tormo, Intercautia y Confloentia.
Los arqueólogos que ahora están excavando
Duratón sugieren que acaso éste podría
ser la Confloentia de las fuentes geográficas. Horcajo
negó que Septempublica aludiera a las siete puertas,
por estimar que éstas no eran anteriores a Sancho
García. Pero esto no está probado. Él
en cambio llevó su imaginación a traducir
el nombre por siete veces conquistada siete veces destruida
o siete veces convertida en polvo. Pero sólo fueron
cuatro, y la más antigua es la ya relatada en la
Crónica de Alfonso III. Horcajo también atribuyó
origen latino a Duratón (=Durat Fons), a pesar de
la claridad del hidrónimo pre-romano. Dejadas aparte
esas fantasías, la discusión sigue abierta.
Acaso sea insoluble. De ser así, debería estimularnos
cual otro misterio, y el inicial, de la magia de nuestro
pueblo.
Me acuerdo de una competición
de abolengos entre los cortesanos de Luis XIV. Los de las
distintas tierras de Francia, en una conversación
con el Rey, hacían remontar a cual más lejos
el de cada uno. Así llegaban hasta Carlomagno, Meroveo,
incluso algún personaje mítico armoricano.
Un vasco estaba callado. Y cuando el monarca le preguntó
por el suyo, dijo sencillamente:- Los vascos no datamos.
¿Así el
nombre de nuestra Sepúlveda? Yo brindo a los internautas
a que opinen. Sin temor a la falta de conocimientos especializados
cuando sea el caso. Que la chispa iluminadora puede saltar
donde menos se piense. Recuerdo de una clase extraordinaria
del arqueólogo Pericot cuando yo estudiaba en Valencia.
Nos habló de una excavación por él
dirigida, en la que participaba un coronel aficionado. Éste
encontró una pieza ajena al yacimiento que se buscaba.
Pericot le dijo que no había que consignarla. El
coronel replicó_ .¿Por qué no, si está
aquí? Y tras un instante de reflexión, el
especialista le dio la razón.
ANTONIO LINAGE
D. Antonio Linage Conde
ha sido notario del Ilustre Colegio de Madrid, historiador,
poeta, estudioso del monacato en Occidente, y reconocido
especialista en San Benito y los benedictinos. Sepulvedano
de nacimiento, es Cronista oficial de Sepúlveda y
la Comunidad de Villa y Tierra.
Nota del Pregonero Dígital: Agradecemos
a Don Antonio Linaje que haya accedido a colaborar con este
web con un magnífico artículo. Es un orgullo
contar con un colaborador de tanto prestigio. Y que, vaya
donde vaya, Sepúlveda va con él. Gracias Don
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